Muy puntual a mi cita, tuve que esperar más de media hora, que se me hizo eterna. Estaba muy nerviosa, y más cuando la enfermera me dijo que no tenían mis resultados de sangre y orina, que me había hecho dos semanas atrás y que era donde me mirarían si tengo anticuerpos de toxoplasmosis, qué tipo de sangre tengo, etc.

Esta vez me acompañaban mis padres (mi novio trabaja por las tardes aunque nunca podrá olvidar la primera ecografía que nos hicieron hace quince días y donde pudimos ver literalmente y escuchar el latido de su corazón. ¡Qué momento!).

Después de exponerle al doctor un montón de dudas que tenía: si podía comer queso que me habían traído mis padres del pueblo y que tanto adoro, bañarme en una piscina pública, hacer deporte, ir en bici, teñirme el pelo… consiguió tranquilizarme diciéndo que sí a todo, pero tomando las correspondientes medidas: queso fresco previamente congelado (por las dudas), ok a piscinas (pero evitar estar mucho rato mojada), deporte suave, ok a bici pero vigilando no caerme, tintes naturales… Buff, tengo tantas preguntas que siempre me dejo alguna.

Pero llegó el gran momento, el de escuchar por segunda vez el corazoncito de mi bebé de 9 semanas y media. Nuestra sorpresa fue ver que el embrión no sólo había casi triplicado su tamaño (de 1,08cm a 2,86cm), sino que le podíamos distinguir perfectamente la cabeza del cuerpecito y aunque parezca increíble, también sus bracitos y sus piernecitas. Es algo maravilloso (de hecho cuando lo pienso, se me cae la lagrimilla). Mi padre estaba visiblemente impresionado, no se imaginaba que siendo tan pequeño pudiera moverse y ser tan autónomo. Mi madre no podía quitar su sonrisa de la cara, aunque ella ya tiene experiencia en ver este tipo de imagenes.
Aquí os dejo la muestra:

Semana 9

Semana 9

Semana 7

Semana 7