Viajar en familia por Marruecos fue una de esas decisiones que se toman con una mezcla de ilusión y respeto. Ilusión por descubrir un país fascinante, lleno de contrastes, colores y cultura; y respeto porque viajar con niños siempre plantea más preguntas: ¿será cómodo?, ¿seguro?, ¿demasiado intenso?

Hoy, con la experiencia ya vivida, puedo decir que Marruecos nos regaló uno de los viajes familiares más enriquecedores que hemos hecho nunca gracias a Marruecos Kasbah Tours quienes nos ofrecieron atención constante, confianza y experiencias únicas que jamás hubiéramos hecho yendo sin ellos.
Hace 17 años yo hice este mismo viaje sola y la experiencia fue muy diferente.

Nuestro viaje tenía una duración inicial de cinco días, aunque acabamos haciéndolo a medida y planteamos algunas modificaciones: la primera noche la pasamos en Marrakech, para aterrizar con calma, y finalmente decidimos quedarnos una noche más en el desierto del Sáhara. Un pequeño cambio que marcó una gran diferencia.
Marrakech, la ciudad más turística de Marruecos
Llegar a Marrakech es un impacto directo a los sentidos. Olores, sonidos, colores y movimiento constante. Nuestra primera noche la hicimos allí para aclimatarnos al ritmo del país y fue todo un acierto.

El alojamiento era un tradiconal riad, muy cerquita de la plaza Jeema el-Fna. Para nosotros era importante estar todos en una misma habitación, pero desde la agencia Marruecos Kasbah Tours nos buscaron los alojamientos ideales. Y lo mejor, adaptaron los desayunos para Albert, que ya sabéis que es celíaco.


Si vas a estar solo una noche en Marrakech, no te puedes perder la medina y su zoco. Aunque también te digo que nosotros con un día allí tuvimos suficiente (si vas a estar más días también puedes visitar la parte moderna de la ciudad, más “europeizada”).

Pasear por la medina, perdernos por los zocos, regatear y acabar el día en la plaza Jemaa el-Fna viendo cómo cae la noche es una experiencia difícil de explicar con palabras. Esa plaza es única, hay que vivirla desde la mañana hasta su transformación de noche.

Con niños, Marrakech puede parecer caótica al principio, pero también es tremendamente estimulante. Todo es nuevo para ellos: los puestos de especias, las serpientes, los músicos, los puestos de comida callejera… es muy divertido ver cómo vienen a convencerte de que sus restaurantes son mejores que el de al lado. Sólo con verte ya sabes cuál es tu nacionalidad y te hacen bromas en tu idioma.

Mi consejo es tomárselo con calma, elegir bien los recorridos y si tienes dudas o quieres aprender curiosidades sobre la cultura, dejarse acompañar por un guía local si es la primera vez, como los chicos de Marruecos Kasbah Tours.
Cruzando el Alto Atlas rumbo al sur
Al día siguiente comenzamos ruta hacia el sur del país, cruzando las montañas del Alto Atlas. Este trayecto fue uno de los grandes descubrimientos del viaje y Said, nuestro guía, nos iba haciendo algunas paradas para disfrutar mejor el paisaje.

Los paisajes cambian constantemente: carreteras de montaña, pueblos bereberes construidos en adobe, nieve, niños saludando al paso del coche (también pidiendo limosna pero nosotros les ofrecíamos comida o cajas de colores. Said nos dijo que no es bueno que se acostumbren a pedir dinero desde tan pequeños).

Viajar por carretera en Marruecos con un conductor local nos dio mucha tranquilidad y el coche de Said estaba muy preparado. Ellos conocen el terreno, los ritmos y saben adaptar el viaje a las necesidades de una familia, algo fundamental cuando se viaja con niños.

También hicimos una parada para conocer cómo hacen el aceite de argán, un aceite comestible con sabor a nuez y que tiene muchas propiedades tanto para la piel como para el cabello. Es relativamente caro pero con lo recaudado ayudan a una cooperativa de mujeres trabajadoras, así que quisimos hacer nuestra aportación.

Kasbahs, valles del Draa y Ouarzazate
El sur de Marruecos es un espectáculo en sí mismo. Visitamos la famosa kasbah de Ait Ben Haddou, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Aunque lo vimos de lejos y no llegamos a pasear por sus calles, es un lugar sorprendente. Actualmente no vive nadie y es el escenario de algunas películas.

Durante el camino pasamos por el espectacular Valle del Draa, considerado el mayor “valle de palmeras” de Marruecos extendiéndose por más de 100km. Con más de un millón de palmeras datileras, este oasis verde rodea al río Draa, formando un contraste espectacular con el desierto, paisajes de adobe, kasbahs y el desierto de Zagora.


Llegamos a Ouarzazate, una ciudad al sur del Alto Atlas marroquí famosa por ser la puerta de entrada al desierto del Sahara y el “Hollywood” de Marruecos, ya que ha servido de escenario para varias películas.


Y nuestro alojamiento, de nuevo un riad precioso donde poder descansar después del largo viaje (los trayectos en coche son de 4-5 horas, aunque como vamos parando no se hace pesado pero es importante que lo tengas encuenta por si tus hijos se suelen marear).

El desierto del Sáhara: la gran aventura
Si hay un momento que todos recordamos del viaje, es el desierto del Sáhara. Llegar al campamento de Merzouga y ver por primera vez las dunas doradas de Erg Chebbi en pleno Sáhara es emocionante, tengas la edad que tengas.

Sin duda, lo más emocionante del desierto es poder disfrutar del atardener en las dunas. Para ello hicimos una pequeña excursión en dromedario para subir a lo alto de una duna desde donde poder disfrutar de una experiencia experiencia mágica.



Dormir en jaimas en medio del desierto, cenar bajo las estrellas y escuchar música bereber alrededor del fuego es algo que se queda grabado para siempre.


Tanto nos gustó, que decidimos quedarnos una noche más de lo previsto. Ese tiempo extra nos permitió vivir el desierto sin prisas: ver amanecer entre las dunas, jugar con la arena, hacer sandboarding, recorrer las dunas en quads y adentrarnos aún más en el desierto y simplemente disfrutar del silencio.

Para viajar en familia, el desierto es mucho más accesible de lo que parece. Los campamentos están bien preparados (con aire acondicionado, lavabo con ducha en la habitación y bomba de calor), las jaimas son cómodas y el trato hacia los niños es maravilloso.

Para comer no tuvimos problemas y nos sirvieron comida tradicional marroquí variada.

Una auténtica experiencia local bereber
Además de la experiencia del desierto, para mí la guinda del pastel del viaje fue pasar tiempo con Said, Youssef y con el resto de su familia bereber, quienes nos recibieron en su casa con un delicioso cuscús.

Los niños se lo pasaron genial porque Said y Youssef tienen 4 hermanos más, y algunos coincidían con sus edades.

Los bereberes son los pueblos indígenas autóctonos del norte de África, con una historia milenaria que antecede a la llegada de los árabes.

Con Said hemos descubierto que los oasis no son como nos los imaginábamos y también nos llevó a ver a una familia nómada que él conocía, y eso nos permitió ver en qué condiciones siguen viviendo algunas personas y otras realidades que desconocíamos.

Y justo coincidió que había un mercado de Risani, pero no un zoco típico para turistas no, un auténtico mercado local donde trabajan artesanos en oficios que ni sabía que seguían existiendo.

De vuelta a Marrakech
Tras despedirnos del desierto, iniciamos el camino de regreso hacia Marrakech, atravesando el Valle de las Rosas, palmerales y pequeños pueblos pero no sin antes vestirnos como auténticos bereberes.

Es un trayecto largo, sí, pero muy variado y lleno de paradas interesantes.

Las rocosas Gargantas del Todra son un espectacular desfiladero de roca caliza que alcanza alturas de hasta 160 metros. Talladas por el río Todra a lo largo de milenios, estas formaciones naturales ofrecen un paraíso para los amantes de la naturaleza.

Continuamos hacia el Valle del Dades, donde hacemos noche en un alojamiento con unas vistas preciosas al valle.

¿Recomendaría Marruecos para viajar en familia?
Sin duda, sí. Marruecos es un destino intenso, auténtico y profundamente humano. Viajar en familia nos permitió mirarlo desde otro lugar, con más curiosidad y menos prisas. Los niños fueron siempre bienvenidos, cuidados y tratados con una cercanía que nos sorprendió.

Eso sí, mi recomendación es hacerlo de la mano de profesionales locales como la agencia Marruecos Kasbah Tours, con un itinerario flexible y sin intentar abarcar demasiado. Menos es más, especialmente cuando se viaja con niños.
Marruecos nos ha abierto un poco más la mente y nos ha permitido compartir descubrimientos, conversaciones y momentos que se convierten en recuerdos para toda la vida.









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