Tuve muchas dudas de si visitar o no Dubrovnik dado que nos quedaba un poco distante de nuestra ruta pero varios conocidos me lo recomendaron una y otra vez y me dijeron que no podía regresar de Croacia sin visitar esta ciudad. Así que no tuve más remedio que seguir sus consejos y fue todo un descubrimiento.

Primero de todo debes saber que para llegar a Dubrovnik desde cualquier otra ciudad croata, deberás cruzar un trozo de frontera bosnia. Tenlo en cuenta si alquilas coche o si no llevas la documentación necesaria.

El día que llegamos a esta preciosa ciudad nos llovió un poco así que la primera impresión fue un poco gris. Además, con la buena suerte que habíamos tenido con los apartamentos hasta el momento, éste nos decepcionó un poco. Dubrovnik es probablemente la ciudad más cara del país así que lo único que encontré a un precio asequible fue un pequeño apartamento en el barrio de Lapad. Lo bueno es que pudimos aparcar el coche de forma gratuita (todo un logro en esta ciudad donde el aparcamiento cuesta 6€ la hora).

Cuando vimos la cocina casi nos da un pasmo. Estaba como construida en el mismo balcón de la casa y era muy antigua, pequeña y más bien sucia. Se nos quitaron todas las ganas de cocinar. Por suerte el barrio de Lapad ofrece una gran oferta de locales y restaurantes y en especial el paseo peatonal de Šetalište kralja Zvonimira tiene un ambiente nocturno muy chulo. Hasta un parque para los niños encontramos. Un sitio muy recomendable. Lástima que no tomé fotos pero al ir siempre por la noche no lucían tanto.

Lo cierto es que la  “pena” nos duró poco, porque una vez te adentras en el Stari Grad (ciudad vieja) te sientes como la protagonista de una película o incluso como alguno de los personajes de Juego de Tronos, donde por cierto se han rodado innumerables escenas de esta serie.

Al día siguiente cogimos la mochila de porteo y decidimos recorrernos toda la muralla. La entrada es un poco cara, (unos 18€ por persona) pero en mi opinión vale la pena. Por algo ha sido declarada como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. El recorrido entero dura una hora haciéndolo de forma relajada (son unos 2 kilómetros) y ronda los 25m de altura (para los que padecen de vértigo).

Eso sí, a la hora que fuimos nosotros (hacia el mediodía) había bastante gente. Es una ciudad de parada de algunos cruceros y a las horas punta puedes encontrar muchos turistas.

Nos hizo un día espectacular. A Ares le encantó la ciudad, estaba eufórico y le compramos una camiseta de recuerdo de la ciudad, a juego con su hermano y aún estaba más emocionado.

Y Goran a su vez no dejaba de señalar todo lo que veía: los pájaros, los aviones, el mar, los barcos… ¡todo era tan emocionante para él!


Como curiosidad comentaros que encontramos una pizzería sin gluten en pleno centro (como sabéis, Albert es celíaco y no es fácil encontrar este tipo de comida sin gluten cuando viajamos al extranjero). Por si os interesa, el restaurante se llamaba Pizzería Castro y no dejaban pagar con tarjeta. Las pizzas eran algo pequeñas pero Albert la saboreó con mucho gusto. Y tan solo dos calles, en la avenida principal, nos tomamos de postre uno buenos helados, también sin gluten, en la heladería Gossip.

Al dejar la ciudad me di cuenta que todas mis fotografías eran de la ciudad vieja pero es que realmente fue uno de los días en los que pudimos hacer fotos realmente bonitas en familia y había que aprovechar.

Al final de la tarde y siguiendo la tradición de visitar cualquier mirador que se preste, subimos a lo alto del monte Srđ, una colina que se eleva por encima de la ciudad y donde puedes coger un funicular (a unos 400m de altura) que te acerca al centro viejo. Las vistas son realmente espectaculares, tanto de la ciudad vieja, como de la isla de Lokrum y el mar Adriático. Nosotros no cogimos el funicular y nos quedamos a medio camino. No os podéis perder el atardecer allí, a los chicos les encantó.

A pesar de lo preciosísima que es la ciudad, tuvimos bastante con 2 días y teníamos muchas ganas de instalarnos en nuestro cuarto y último apartamento en Trogir. Allí estaríamos el resto de nuestras vacaciones sin volver a tener que hacer más maletas. ¿Nos acompañáis?