Siguiendo con el relato de nuestras vacaciones en Croacia, ya os contaba que decidimos hacer escala en Mostar, la ciudad más importante de Herzegovina. Tanto Albert como yo teníamos mucha curiosidad en visitar este país y estando tan cerquita no podíamos desaprovechar la oportunidad. No nos decepcionó.

Nuestro camino a Mostar fue sorprendentemente bueno. Cogimos autovía hasta la misma frontera, que pasamos sin ningún tipo de complicación y luego unos 35 minutos de carretera hasta Mostar. Desde Split, unas dos horas si no recuerdo mal.

Los edificios en Mostar no están muy bien señalizados y nos costó un poco encontrar nuestro apartamento. Además, al no ser de la Unión Europea, nuestro plan de datos en el móvil dejó de funcionar y Google Maps no nos indicaba la localización. Así que paré a un chico por la calle, quien muy amablemente se ofreció a llamar por teléfono al anfitrión por mí y resultó que salió de la ventana de enfrente saludándonos.

Edin nos enseñó su apartamento, muy cerca del centro histórico y quedamos impresionados. Pagamos unos 53€ por noche y estábamos a tan solo 300 metros del Stari Most (Puente Viejo).

Muy recomendable. Luego descubrimos que Edin había sido un escalador profesional, había subido al Everest y había trabajado para National Geographic. Todo un personaje.

Para ir al casco viejo es mejor ir sin silla de paseo porque hay muchos adoquines y el puente tiene unos escalones que se hace muy difícil de transitar. Así que mejor portear. Aunque tengo que decir que el hecho de que el apartamento tuviera todo tipo de comodidades y estuviera tan bien ubicado nos facilitó muchísimo el viaje.

Aunque llegamos un poco tarde no queríamos dejar escapar la oportunidad de visitar el famoso puente que destruyeron hace 24 años y que reconstruyeron con las mismas piedras que cayeron al río. Parece un escenario de cuento.

Al día siguiente decidimos caminar por nuestro barrio. Justo el edificio de al lado era un antiguo centro comercial y cultural destruido con una fachada preciosa.

Es difícil ver un edificio que no esté dañado por la guerra de 1993 y a mí se me ponían los pelos a cada momento. Mostar es una ciudad con mucha alma que está intentando resurgir de una guerra civil devastadora.

Me llamó mucho la atención un edificio totalmente vacío que había sido un hotel y que durante la guerra sirvió como punto estratégico para los franco tiradores. Es espeluznante.

Estando allí descubrí que había una plaza de España. Y descubrí también el gran aprecio que sienten hacia los españoles, que ayudaron con sus tropas a reconstruir la ciudad. De hecho fueron los que construyeron un puente temporal inmediatamente después de haber destruido el Stari Most en 1993 dejando incomunicadas a cientos de familias.

Cuando llegas a la ciudad de Mostar hay una enorme cruz en lo alto de una colina que no te deja indiferente (de hecho, si os fijáis con atención en la foto donde salgo sentada y detrás de mí queda el puente, podréis ver la cruz en lo alto de la montaña) así que me empeñé en subir allí pensando que sería un lugar muy turístico y resultó que no había nadie. Estábamos tan solos que hasta daba miedo. Por suerte alguien nos dijo que si lo visitábamos, menor durante el día y eso fue un acierto porque por la tarde creo que hubiera sido más inseguro. Las vistas que se tienen de la ciudad son espectaculares.

Al regresar entramos en un gran centro comercial que vimos por el camino, el Mepas Mall. Pensamos entrar un ratito para cotillear y nos confiamos que podríamos pagar el parking con tarjeta de crédito pero resultó que no, que solo aceptaban moneda bosnia. Así que tuvimos que ir corriendo a cambiar moneda local que no llevábamos. En Mostar (la parte turística) te dejan pagar con kunas croatas o incluso con euros y por eso no habíamos pensado en cambiar dinero.

Al regresar dimos una última vuelta por la zona vieja que a pesar de estar inundada de tiendas de souvenirs y turistas, me pareció preciosa.

Nuestros dos días en Mostar se hicieron demasiado cortos. Nos quedamos con las ganas de conocer más a fondo este país. Pero Dubrovnik nos esperaba.


Un consejo que nos dieron era que intentáramos evitar la costa, así que bajamos hacia el sur por Stolac y Trebinje. Tardamos unas 2 horas y media, aunque se hizo pesado porque la carretera es lenta. Para pasar la frontera, que está justo a 10 km de Dubrovnik, tuvimos unos 30 minutos de retención. Y así fue como nos despedimos de Bosnia y Herzegovina.