Disfrutar de una escapada familiar de relax se hace obligatorio. Como he dicho en varias ocasiones, a veces es muy importante desconectar para volver a conectar. Y no sólo me refiero con una misma, o con nuestras parejas, sino también en familia.

Normalmente suelo buscar destinos donde los niños estén activos pero esta vez me apetecía un lugar diferente, perdido en la naturaleza y cerquita de casa. Así que a través de la página de Ruralka, encontré una masía catalana que me robó el corazón y estaba a sólo 80 km de Sitges (40km de Barcelona y 60km de Girona).

Por si no la conocíais, Ruralka es una página web de reservas de alojamientos rurales “de calidad”. Es decir, lugares con mucho encanto, elegancia y con un gusto único. Perfectas tanto para escapadas familiares como románticas.

Porque estar en el campo no significa que no podamos tener todo tipo de comodidades y en esta web encontraréis lugares de esos que os dejarán simplemente con la boca abierta. Nada de hoteles grandes y masificados, sino todo lo contrario.

La Masía Can Canal está regentada por Júlia y Goretti y cuenta solo con 5 habitaciones. Podéis haceros una idea del ambiente tan íntimo que allí se respira.
En nuestro caso fuimos en fin de semana y tuvimos mucha suerte de no coincidir con más familias, pero me parece un lugar perfecto para perderse entre semana o incluso celebrar algún acontecimiento importante. La casa también se alquila entera para eventos.

Nuestra habitación era super amplia, tenía hasta un sofá y 2 butacas y mucha luz que entraba a través de sus 3 ventanas, 2 de ellas de cuerpo entero.

El baño era enorme. Primero pensé que echaría en falta una bañera, pero nada que ver. La ducha era tan grande que nos duchamos los 4 juntos los dos días que estuvimos allí y eso fue aún mejor que si hubiéramos tenido bañera. Los que viajamos en familia sabemos de la importancia de alojarse en lugares amplios y luminosos.

En esta casa todo está abierto y además, perros y gatos son bienvenidos y pueden disfrutar libremente de la casa y los exteriores siempre de forma respetuosa hacia el resto de huéspedes.
Y también tienen galletas y chucherías a tu disposición todo el tiempo, durante las 24 horas. ¡Ya veis qué peligro!

La cocina es enorme pero muy acogedora y Júlia está al mando de las delicias gastronómicas. No disponen de carta pero puedes quedarte a comer o a cenar siempre que les avises. Nosotros cenamos las dos noches allí y puedo decir que todo era exquisito y casero. Me gustó ese “factor sorpresa” de no saber qué íbamos a cenar (para los niños sí que hicieron una consulta previa para ir sobre seguro). Y lo que es muy importante para nosotros, en todo momento tuvieron en cuenta la celiaquía de Albert. Júlia se esforzó mucho porque se sintiera como en casa.

Por la mañana tuvimos un desayuno muy completo: alimentos de proximidad, pastelería artesanal, embutidos, fruta de temporada… y lo mejor, todo sin prisas. Lo recuerdo y me vienen a la cabeza aquellas fresas tan deliciosas…

Hay 3 grandes salas de estar en la casa, de esta manera puedes mantener la intimidad de relajarte en alguna de ellas sin necesidad de coincidir con otra familia. Todas las salas disponen de libros de lectura ¡muchos!, juegos de mesa, cuentos infantiles y hasta en una de ellas café y té a disposición.

Sólo hay un televisor en toda la casa. Estamos tan influenciados por la televisión que no encontrarla en la habitación nos sorprendió al principio y nos alegró gratamente después. Los niños, en vez de pedir dibujos animados al despertar, pedían abrir la ventana para escuchar los pájaros. ¿Os lo podéis creer? Yo alucinaba.

Descubrimos Rukimon y el mundo de los burros

Goretti, por su parte, nos ofreció varios planes para disfrutar con los niños. Como queríamos aprovechar al máximo la casa y la previsión del tiempo no era muy buena, apostamos por visitar únicamente el Rukimon, que es una reserva de burros para la protección y conservación del animal. Está a sólo 20 minutos de la masía.

El lugar se creó por iniciativa de Juan y Paloma, es muy familiar y hecho con mucho mimo. Allí puedes ver varias razas de burros, estar en contacto directo con ellos, pasearlos, darles de comer, cepillarles… ¡hasta puedes sacarte el carnet de conductor de burros! Los niños disfrutaron muchísimo y lo más importante es que los burros les transmitieron mucha calma. Estaban muy relajados. Los dueños me explicaron que suelen venir colegios, personas con discapacidades psíquicas, personas mayores… ya que los burros son unos animales magníficos para hacer terapia con ellos. Algo que yo desconocía totalmente.

La vida slow con niños también es posible

Como nos pilló la hora de comer y no queríamos irnos muy lejos, nos quedamos a comer en una masía típica catalana que estaba muy cerquita, en la masía Can Rimblas. Comimos muy bien y sobró un montón de carne que nos acabamos trayendo a casa.

El resto del día decidimos pasarlo en la casa. No había ningún otro huésped (empezaron a llegar más tarde) así que estábamos realmente como en casa. Nos dio tiempo hasta de echar unas canastas…

La masía tiene de todo lo que puedas necesitar para entretener a los peques. No hace falta que uno se traiga nada más. De hecho los patinetes que habíamos traído se quedaron todo el fin de semana en el coche.

Y lo mejor para nosotros es la cantidad de terreno que tiene. La masía está rodeada de verde por todos lados. Tiene una pequeña piscina que no llegamos a usar pero seguro en verano resulta muy apetecible.

En la finca también hay un huerto, gallinas y 4 burros. Es un auténtico paraíso natural para los niños (¡y para nosotros!). Nos encantó el detalle que tuvo Júlia con los niños de darles zanahorias para que pudiéramos alimentarlos. ¡Fue toda una experiencia para 2 niños de ciudad!

Fijaos el nivel de relajación que sin hacer grandes cosas (de actividad me refiero), ¡Goran se pegó una siesta de más de 2 horas! Y tan agustito…

Como en todas las escapadas el tiempo nos voló. Pero puedo decir que estuvo muy bien aprovechado. Vinimos con las pilas recargadas y muy relajados. Además el buen clima nos acompañó en todo momento y pudimos disfrutar de momentos de sol y momentos de lluvia. Un día de contrastes.

Me parece un sitio ideal y bastante atemporal. No sabría decirte cuál es la mejor época para venir porque creo que esta casa se puede disfrutar tanto en verano como en invierno. Ya sea el interior como el exterior son muy apetecibles.
Te dejo el enlace directo por si te apetece saber más sobre la casa o incluso hacer una reserva para una escapada familiar o romántica: Masia Can Canal. Y si vais, por favor ¡no olvidéis decírmelo! Me encantará saber vuestras impresiones.

¡Espero que os haya gustado mi recomendación!