Una de las cosas que más echo de menos desde que soy madre es dedicar más tiempo a los amigos.

Recuerdo que antes de serlo siempre pensé que la maternidad no me cambiaría los hábitos de viajar, salir con amigos, quedadas en casa, etc. pero estaba muy equivocada. Admito que efectivamente la maternidad supuso un gran cambio a mi vida personal en todos los sentidos.

Con respecto a los amigos, he tenido muchas sorpresas. He perdido alguno por el camino que no ha entendido la complejidad que se me presentaba al no poder mantener el mismo ritmo de llamadas, al no ser capaz de quedar para cenar porque básicamente a partir de las 22h dejaba de ser persona o al no aceptar que era prácticamente imposible mantener una conversación conmigo si los peques estaban por medio porque todo eran interrupciones.


Pero también he ganado otros nuevos amigos, en su mayoría otros padres de niños de la edad de mis hijos con las mismas inquietudes que las mías y los mismos temas de conversación: papillas, baby led weaning, cacas, mocos, pañales, rabietas, moda infantil…

La realidad es que los amigos están ahí. Los buenos sabrán esperarme a que esté preparada para retomar la relación con la misma intensidad que antes, y los que no, simplemente se convertirán en personas que han dejado huella en mi vida. Todas son y serán importantes para mí porque todas me han regalado momentos únicos.

Este pasado fin de semana improvisamos un aperitivo rápido en casa con un par de amigas y también mamás. Nos conocimos en las clases de preparto y ya vamos por el cuarto año de amistad. Fue estupendo romper la rutina del sábado por la mañana para compartir las nuevas Cruzcampo 0,0 bien frías, que por cierto mantienen el mismo sabor de las Cruzcampo de siempre gracias a su elaboración con lúpulos seleccionados. Efectivamente hablamos sobre los pipis de nuestros hijos, sobre sus colegios, hicimos una comparativa de horas de sueño y diferencias entre el mayor y el pequeño, cuestionamos el nivel de evolución, compartimos preocupaciones, etc.
Tan solo fueron un par de horitas pero qué bien nos sentaron. Y es que las formas cambian pero el fondo sigue siendo el mismo: risas, confianza, complicidad… Que ya lo dicen, quien tiene un amigo tiene un tesoro.

 

*Post en colaboración con Cruzcampo