Casi 2 semanas sin escribir por aquí, pero una ausencia más que justificada. He cogido un virus de esos que no te dejan ser persona. Creo que desde que soy madre me he vuelto más fuerte y más débil a partes proporcionales.

Mi marido dice siempre que debo tener unas defensas imbatibles. A veces he estado 24 horas totalmente indispuesta, con fiebre, malestar y debilidad general y al día siguiente estoy como nueva. Sin embargo, cuando él se pone malo, una semana de reposo no se la quita nadie, y últimamente viene siendo cada 2 meses… así que imaginad el plan.

Lo dicho, que esta vez me ha cogido muy fuerte. Un virus me ha tenido casi una semana recluida y muy débil. El hecho de estar embarazada no me ha ayudado. Imaginad mi estado de nervios y ansiedad que hasta decidí a principios de semana renunciar a uno de los trabajos que estaba llevando a cabo porque no daba con mi vida. Y hacer eso, en los tiempos que corren, no es una decisión que se tome a la bartola. Pero una de las cosas que he aprendido tras ser madre, es saber priorizar y ver las cosas desde otro punto de vista. Analizar la situación y finalmente hacerme la siguiente pregunta ¿Compensa? Si la respuesta es que no, entonces lo aparto de mi vida. Y así es como voy haciendo “limpieza”.

Estos días de reposo me han ayudado mucho a reflexionar también. Ares me ha sacado de mis casillas en más de una ocasión y no lo he sabido gestionar como debiera. He tenido muy poca paciencia, he gritado, he llorado, he perdido los nervios y he fruncido demasiado el ceño. Me he sentido frustrada. Ni siquiera he disfrutado del embarazo y me he sentido muy culpable por ello.

Pero de repente vuelve a salir el sol, y mis geranios llenan de color el jardín y mi pequeño Ares me regala una sonrisa y me dice que me quiere, que soy la mamá más guapa del mundo y me recuerda que él está ahí, para lo bueno y para lo malo. Sé que ese momento durará poco antes de que vuelva a tirarse al suelo y a patalear llorando porque no le ha gustado algo y que tendré que averiguar la razón por la que eso le ha causado tan inmenso ataque de ira. Y entonces me pregunto ¿Compensa? y la respuesta es siempre que sí y me sonrío a mí misma y me digo “Feliz Día de la Madre, Sheila”.

Espero que hayáis disfrutado de este día tan merecidísimo y de que todo lo que estéis viviendo, os compense. Porque es la clave.
¡Y ahora, a seguir comiéndome la semana!

Foto Jordi Salas