El cochecito nunca fue una prioridad para mí hasta que ahora me he dado cuenta de que mi hijo, con 27 meses, sigue tan cómodo y sin intención de dejarlo. He cometido equivocaciones que espero no volver a repetir con mi segundo bebé, aunque estoy convencida de que no existe el coche perfecto ya que vivimos muchas situaciones diferentes que nos harán vivir experiencias muy determinadas.

Hace dos años os comentaba mi experiencia positiva comprando mi Bebé Confort Streety Plus, pero mi alegría duró poco, ya que al empezar a usarlo empezaron a surgirme incomodidades que no me había planteado antes:

1. Primero de todo, no tuvimos tiempo de hacer “estudio de mercado”. Durante los 9 meses que duró mi embarazo y que viví tan intensamente, ni siquiera pensé en comprarme un cochecito. Iba a heredar el Jané Slalom Pro de mi sobrina, que aunque tenía casi 5 años, estaba en buenas condiciones. Ese fue el primer gran error, ya que durante nuestro primer paseo, y pese a haber hecho una puesta a punto del cochecito, se nos rompió.

2. Con las prisas de comprar un cochecito bueno, bonito y barato y con el bebé ya fuera de mi barriga, nos dejamos cegar por el precio y por su plegado. Así que cuando fuimos a unos famosos grandes almacenes a comprarlo, dispuestos a llevárnoslo ese mismo día y debido al poco presupuesto con el que contábamos en ese momento que habíamos tenido tantos gastos, nos pareció una ganga decidirnos por el Bébé Confort Streety Plus, pero ni tiempo siquiera tuvimos de probarlo. Nuestro segundo gran error.

3. Por aquel entonces teníamos un coche muy pequeñín de 3 puertas y para nosotros era indispensable un rápido y cómodo plegado y lo cierto es que el Bebé Confort Streety Plus te enamora sólo por eso. Además de por lo completo que viene con sus accesorios. Pero lo que nunca nos percatamos era que esas ruedas pequeñas de plástico nos iban a amargar cualquier bordillo o pequeño desperfecto en el pavimento durante toda nuestra experiencia con él. Amortiguación cero patatera. Subir un bordillo o bajar unas escaleras se convirtieron en una pesadilla para mí (y ya no te cuento para los abuelos). Sin duda un punto que ahora voy a tener muy en cuenta. ¡Ojo! No digo que sea un coche malo, ni mucho menos, a nosotros nos cubrió la función durante un tiempo, pero sí creo que otro cochecito nos habría sido de más utilidad durante más tiempo y no repetiremos para el nuevo bebé.

4. La capota se nos estropeó varias veces. Por un error de fabricación, con el poco tiempo de uso (2 meses aproximadamente) se nos quedaba floja y no se sostenía bien. Los famosos grandes almacenes lo enviaron a la marca y me dieron una nueva capota pero nunca quisieron cambiar el tipo de cochecito, a pesar de que lo sugerí ni tampoco permitirme una devolución (creo que un aspecto a mejorar por parte de la atención al cliente de Bebé Confort, por cierto). Y el problema volvió a ocurrir pasado un tiempo. Lo cambiamos hasta 2 veces en sólo 4 meses que usé la sillita (antes había estado usado el capazo y no tuve la oportunidad de probar la capota). ¿Os habéis planteado que no existen garantías de devolución pasado 1 mes de la compra? Sin embargo, lo que es la sillita acabas tardando unos 6 meses en probarla (ya que primero se usa el capazo) y por tanto nunca tienes opción de hacer un test en condiciones y mucho menos de devolverlo y buscar alternativa. ¡Eso está mal!

(Esta foto, tomada en Diciembre de 2013 en uno de los viajes al conocido centro comercial a hacer cambio de capota)

5. Por último, y obligada un poco por la situación de cambios de capotas y demás, decidí pasar al McLaren Quest a los 9 meses (y es el que sigo usando hoy en día), fue un regalo de mi familia que nos vino como anillo al dedo. Quisieron regalarme el modelo superior pero yo no quise que gastaran más de lo necesario y me conformé con éste. Es un cochecito muy manejable y también de fácil plegado pero tiene una pega muy grande para mí: la capota es demasiado pequeña y no protege nada del sol. Además, la última edición (2013) viene con los frenos en las ruedas y me parece un horror porque al bajar escaleras se te queda clavado. También es un coche demasiado bajito y esto hace que la cesta sea incómoda para poner según qué cosas. Por lo demás, es un coche pensado para “el trote”. Una buena elección si se está mucho por la calle y el terreno no es abrupto (no lo aconsejo para el campo o la playa, por ejemplo). Ares hace aún en él la siesta cuando duerme en casa de sus abuelos. Ha sido un coche muy amortizado, la verdad y su precio, rondaba los 250€ si no me equivoco cuando nos lo regalaron, así que es “asequible”.

(Ahí le véis haciendo su siesta ya de mayorcito, en noviembre de 2014)

Conclusiones: busco un cochecito que:

– No sea demasiado caro (es muy probable que sólo se utilice un año antes de pasar a la silllita de paseo trotera), así que abstenerse opciones de coche de 4 cifras.

– Muy manejable de conducción y que suba los bordillos con mucha facilidad, con buena amortiguación

– Fácil plegado.

– Y con una capota graaaaaande.

¿Alguna recomendación?

Aquí os dejo un vídeo que ha hecho Agustina Guerrero para Casualplay y que hoy he compartido con vosotros en mi Facebook, que me ha parecido muy práctico y divertido para hacernos ese montón de preguntas que necesitamos responder a la hora de buscar un cochecito adecuado a nuestras necesidades.