Si tienes pensado dar a la luz en la Clínica Corachán de Barcelona, puede que necesites saber qué tipo de atención ofrecen. Aunque ante todo, quiero dejar claro que se trata de una experiencia personal. Pero aquí la razón por la que no volveré ni recomendaré esa clínica.

El día de la intervención estaba nerviosísima, os podéis imaginar. El hecho de tener día y hora programados para una intervención de este calibre hace que todo resulte surrealista.
Quedé con mis padres para aprovechar el trayecto y así no tener que dejar nuestro coche todo el día en el parking de la clínica (me resultaría más barato pasar la noche en un hotel!).
Una vez llegamos a la Clínica Corachán, fuimos directamente a Admisiones, donde justo una semana antes, nos habían atendido muy amablemente haciendo un tour por las instalaciones de lo más maravilloso y estupendo. Pues bien, una vez dentro del despacho de admisiones, empezó nuestra pesadilla

Primero, no les funcionaban los ordenadores, con lo que no pudieron darnos etiquetas informatizadas y segundo, y lo que es aún peor: NO TENÍAN HABITACIONES DISPONIBLES. Os podéis imaginar mi cara de póker, que no entendía cómo una intervención programada con casi una semana de antelación no habían previsto una cosa así.

Me dijeron que cogiera mis cosas y me esperara en el pasillo de la planta de maternidad, hasta que media hora antes de la intervención, me hicieron pasar a una micro sala de registros para colocarme la sonda y la vía del suero y prepararme para entrar en la sala de parto. Obviamente la familia tuvo que irse porque en esa micro sala no había sitio ni para dos. Así que mis padres y mis suegros tuvieron que esperar en el pasillo, con las maletas mías, las del padre, la del bebé, 3 ramos de flores gigantes que llegaron antes de hora, varias bolsas con regalitos varios, comida, etc… vamos, una situación tan esperpéntica como desagradable.

IMG_4113rPara entonces, ya pasaban las 15h de la tarde, y allí nadie me venía a buscar. De repente una enfermera vino preguntándome si el camillero había venido a rasurarme, a lo que respondo que a mí nadie me ha tocado un pelo (de hecho aún hoy sigo esperando al camillero a que me rasure, menos mal que ya venía rasuradita de casa). Total, que como el camillero no llegaba y se hacía tarde, me pidieron que yo misma me cambiase de camilla (atención, aquí es importante entender que el hecho de tener una sonda en la uretra y una vía intravenosa no hace que las cosas sean más sencillas). Así que, ni corta ni perezosa, tuve que bajar de la camilla, caminar unos metros y subirme en la siguiente. Muy, muy desagradable.

Mi ginecólogo llegó y empezó a preguntar que por qué nadie me entraba en el quirófano cuando llevaba más de media hora esperando.

Buff… nervios, más nervios.

Yo, que estaba tan aturdida, no entendía cómo podían meterme en un quirófano sin tener habitación, pero me dijeron que al salir de la intervención, tendría una habitación lista y mi familia estaría allá esperándome.

Y claro que NO FUE ASI.

IMG_4114Salí del quirófano, recién operada y me metieron en otra micro sala de registro. Aquí tengo que decir que la intervención fue divinamente y que el ginecólogo fue super amable en todo momento y permitió a mi chico poder entrar en el momento clave y presenciar el nacimiento del pequeño. Suerte que él estuvo allí y no se despegó del pequeño, porque lo que es a mí, apenas me lo mostraron unos segundos y se lo llevaron sin decirme nada mientras me cosían. Ni piel con piel, ni “tú tranquila que lo tendrás desde el segundo 0”, ni hostias… no pude ver bien a mi pequeño (sólo unos segundos en los que mi pareja me lo mostró a 3 mm de mi cara, con lo que no fui capaz de ver apenas su naricita) hasta pasada una media hora desde la intervención.
En esta última micro sala de registro pude al menos ver a mis padres y seguía sin entender por que estaba en aquel asco de habitación.

A partir de aquí todo fue un cúmulo de entrar y salir personas del hospital, mi padre super enfadado, la responsable de atención al cliente que me había atendido la semana anterior y me había asegurado que “todo iría estupendamente” me decía que había conseguido encontrarme una habitación en una planta diferente a la maternidad hasta la mañana siguiente. Una habitación amplia pero oscura y con obras en la habitación contigua, así que sólo tendría que escuchar los taladros unas horas por la mañana hasta que me dieran una nueva habitación.

Y así fue, a las 7am y después de pasar toda la noche despierta (no creo que nadie pueda conseguir dormir un minuto justo la primera noche de ser madre), los taladros hicieron que los 3 nos sobresaltáramos de un salto en la cama. Fue horrible.

Finalmente al día siguiente nos dieron una habitación en la planta de maternidad. No era una habitación como la que me habían enseñado la semana anterior, con una baño estupendamente reformado, dos ventanas de luz, amplitud de espacio, etc.. sino todo lo contrario. En esa habitación no cabía ni un ramo de flores. El baño tenía varias piezas rotas y la calor era tan exagerada, que cuando venían mis padres o mis suegros, teníamos que dejar la puerta abierta para evitar riesgo de asfixia.

He aquí mi experiencia con la Clínica Corachán, así en plan resumidito.
No hace falta que os diga que pusimos 2 reclamaciones, una a la clínica y otra al Departamento de Consumo de la Generalitat, para que, si más no, este tipo de cosas se conozcan y esperando que se pongan medidas.
Ni hace falta que os diga que si en un futuro tenemos otro retoño, NUNCA JAMÁS elegiremos la Clínica Corachán.