Como sabéis, a principios de septiembre fuimos a Carcassonne dentro de nuestra ruta por el sur de Francia. Esta ciudad es uno de esos lugares mágicos que hay que visitar al menos una vez y a nosotros nos queda tan sólo a 3 horas en coche de Barcelona y a poco más de 1 hora (100km) de Toulouse (os dejo el enlace de nuestra visita allí).

Nos alojamos a las afueras de la ciudad, en Les Cabanes dans les arbres, un lugar espectacular del que os hablaré en un próximo post en detalle junto con algunos otros planes que os encantarán para hacer por los alrededores de Carcassonne. Nos sorprendió mucho la cantidad de actividades para hacer con niños que hay por la zona. Pero en este post me voy a centrar únicamente en la ciudad de Carcassonne, y en especial la Cité o ciudad medieval.

Lo primero que hicimos cuando llegamos fue visitar la oficina de Turismo de Carcassonne gracias a los cuales he podido elaborar este viaje. Allí nos informaron de algunas actividades para niños que hacían en la Cité y desde donde puedes reservar esas mismas actividades.

Hay dos en especial que nosotros hicimos y que os recomiendo: apuntarse a un taller para niños y la experiencia en 3D para que vayan poniéndose en situación.

Talleres medievales para disfrutar en familia

Justo antes de visitar la Cité, hay una carpa de información turística y es allí mismo donde realizan los talleres (previa reserva) y aprenden a customizar objetos relacionados con la Edad Media.

A nosotros nos tocó el taller de escudos heráldicos y fue todo un éxito porque a mis hijos les encantó. Duró aproximadamente 1 hora y nuestro monitor hablaba español.
En la web de Tourisme de Carcassonne puedes encontrar todos los talleres disponibles.

También podéis encontrar otras actividades infantiles como un paseo en carro o en tren, búsqueda de tesoros, visita o taller con un caballero, alquiler de disfraces, talleres de manualidades (todas son de pago)… y para los adolescentes: la casa encantada o el museo de la Inquisición, con una gran colección de instrumentos de tortura del siglo XII. Son sólo algunos ejemplos.

Por otro lado y a lo largo de todo el año, el ambiente puede ser muy animado. En temporada alta, por ejemplo, puedes encontrarte saltimbanquis y artistas de calles, animaciones medievales, torneos de caballería (en julio y agosto), la marcha de las antorchas (primer fin de semana de diciembre), etc.

Experiencia en realidad virtual 3D

Desde la Oficina de Turismo también me propusieron participar en en una auténtica batalla medieval a través de una nueva película de realidad virtual que, aunque nosotras la vimos en francés, ahora ya la tienen disponible en español. Aún así, tiene tantos efectos especiales y la calidad de imagen es tan buena que lo de menos son las palabras. En esa proyección puedes hacer un viaje al pasado para ver cómo era el castillo por dentro con una visión de 360º, cómo se construyó y ser un habitante más de la antigua Cité. En principio no está pensada para menores de 8 años pero Goran se animó y fue muy divertido vernos a todos mover la cabeza de aquí para allá. Puedes reservarla a través de este enlace.

Visita al castillo de los Vizcondes

Pero sin duda, la joya de la corona es la visita al Castillo de los Vizcondes que sí o sí creo que no te puedes perder, por algo ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad. La entrada al castillo es de 9€ para adultos (y gratuito para menores de 25 años). También tienen un acceso gratuito cada primer domingo de mes (excepto en temporada alta). La duración aproximada de la visita es de 2 horas (incluye 3 recorridos: el castillo, la muralla medieval y la galorromana).

Eso sí, no es apta para cochecitos porque hay que subir escalones estrechos en algunos lugares. Es cierto que nosotros no encontramos colas pero me han dicho que en verano las colas pueden llegar a ser largas, así que mejor reserva con antelación la entrada.

Puedes hacer una visita con guía, con audioguía (+3€) o libre. Los niños y Albert prefirieron ir por libre pero yo sí me animé a coger la audioguía para entender los mil años de historia de la Ciudadela, su sistema de defensa interior y exterior y la restauración que llevó a cabo Eugène Viollete-le-Duc en el siglo IX, tal y como la conocemos ahora.

El castillo, construido en el siglo XII por los Vizcondes de Carcassonne, los Trencavel, ha sufrido numerosas modificaciones con el paso de los años y está separado de la ciudad y de sus callejuelas por un foso seco. Pocos castillos de esta magnitud encontrarás tan bien conservados y tan fotogénicos, y es que parece de cuento.

Un paseo obligado por la ciudad medieval

Para llegar a la ciudad medieval, puedes hacerlo caminando (si estás en el entro de Carcassonne, es un paseo de unos 20 minutos) o en coche, pero el parking es de pago (pagamos 8€ por 4 horas). El acceso a la ciudad amurallada es libre y gratuito, únicamente tienes que pagar por entrar al Castillo o a los museos.

Hay dos puntos de acceso principales: la Porte Narbonnaise (que fue por donde entramos nosotros) y la Porte d’Aude.

Las calles adoquinadas están llenas de tiendas de jabones, juguetes de madera, dulces y restaurantes donde degustar la famosa cassoulette (tengo que confesar que esta masificación de tiendas y negocios le quita un punto de romanticismo, pero es o que hay).

No te puedes ir sin visitar la Basílica de Saint-Nazaire. Una auténtica joya arquitectónica a caballo entre el estilo románico y gótico, cuyas vidrieras no dejan indiferente a nadie. La visita es gratuita, pero no se permite el acceso mientras se está oficiando algún acto religioso. Por cierto, justo en la calle de atrás tienen baños públicos, muy práctico para hacer una paradita con los niños después de tanto caminar.

Toda la ciudad medieval es peatonal y no hay coches aparcados, y se agradece. Me sorprendió que en su interior también hay un colegio, uno de los pocos donde se habla y conserva el occitano.

La Bastide de Saint-Louis (el centro histórico de Carcassonne)

Cruzar por el Puente Viejo sobre el río Aude te permitirá disfrutar de unas vistas preciosas del Castillo Medieval y además es todo peatonal.

Si tienes tiempo durante tu visita a Carcassonne con niños, no dejes de visitar la Bastide de Saint-Louis: el casco histórico de Carcassonne. Esta zona se creó en el siglo XIII para lograr más espacio para los burgueses que habitaban en los contrafuertes de la Cité y está repleta de monumentos y edificios históricos. Hasta el siglo XIX fue el único punto de paso entre las dos áreas de Carcassonne (más tarde se construyó el “Puente Nuevo” por el cual circulan los vehículos y desde el que nosotros hemos tomado la foto).

Justo al lado, encontrarás la Capilla de Notre Dame de la Santé y paseando por las calles del centro verás la Catedral de Saint Michel, la Iglesia de Saint Vincent, desde cuyo campanario hay unas panorámicas de 360º sobre Carcassonne. Todos ellos de entrada libre y gratuita.

Si hace buen tiempo, en los jardines de Square Gambetta los peques de la casa podrán remojarse en los chorros de agua. Allí es donde nosotros dejamos el coche (un paking subterráneo) y es un buen sitio para hacer una paradita mientras se observan las esculturas del lugar.

La Bastide no es muy grande, así que la podéis visitar tranquilamente en un par de horitas mientras os tomáis unos pasteles en la plaza Carnot, con su Fuente de Neptuno en el centro. Encontrarás por el camino algunas calles decoradas.

Si cruzas toda la Bastide y llegas hasta la estación de tren podrás ver el Canal du Midi y hacer otra paradita con los niños en un parque infantil que hay en la zona del Parc de Père Noël, donde en Navidad suelen poner una noria y una feria navideña super bonita (tendremos que volver para verla). Atracciones, pista de hielo, conciertos, animaciones en la calle, paisajes, mercado navideño, y por la noche todo queda iluminado con luces de colores.

En breve os cuanto más cosas para disfrutar de los alrededores de Carcassonne con los peques.

*Post en colaboración con la Oficina de Turismo de Carcassonne