Sé que quizás debería esperar al menos una semana más para publicar esta foto-resumen, pero es que, aunque la comadrona me ha dicho que aún ve la cosa muy verde, no me fío de que esto no llegue antes de lo esperado… (lo admito, siempre he sido una impaciente).

Estas dos últimas semanas están siendo las más duras físicamente hablando y además cada día que pasa va in crescendo. Camino lenta y me canso enseguida, me siento en muy baja forma y me falta la respiración a la mínima que tengo que subir en pendiente. Cuando hago la comida, tengo que hacer pausas para sentarme porque las piernas se me cargan tanto que siento que no me responden y al final del día, tengo un fuerte dolor en las ingles y los pies super hinchados. He empezado a tener pequeñas contracciones. No son muy dolorosas, pero sí que son molestas (muy parecido a los dolores de regla) y lo peor es que todo esto está siendo nuevo para mí porque mi primer embarazo no llegó apenas a las 38 semanas. Me siento de nuevo como una madre primeriza.

Mis ganas de hacer “pipí” son constantes. De hecho me preocupa salir de casa porque pienso que no llegaré a tiempo para el próximo baño, y luego cuando consigo encontrar uno, resulta que sólo eran unas gotitas de nada. Intento no beber agua si he de salir de casa, con lo que acabo bebiendo más de la cuenta por la noche y eso se convierte en una pesadilla durmiendo, porque me despierto con la vejiga llenísima como unas 2-3 veces durante la noche e incluso en alguna de estas ocasiones, me desvelo y ya no consigo recuperar el sueño. Efectivamente, llegó el insomnio.

Empiezo a expulsar mucho flujo vaginal, de hecho tengo que cambiar mi salvaslip hasta 3 veces a lo largo de todo el día (tampoco no recordaba que me pasara esto en mi anterior embarazo, al menos tan exagerado).

Pero no todo es negativo, mi relación con Ares ha mejorado por momentos. Creo que la vuelta a la rutina y el verme tan gorda han hecho que empatice un poco más conmigo y hemos tenido nuestras tardes madre-hijo que tanto echaba de menos y hasta diría que las rabietas han disminuido un poco. Le noto cambios, pequeños pero muy significativos.

Tengo sentimientos divididos porque deseo recuperar mi cuerpo y volver a ser la mujer enérgica que soy, activa y ágil. Quiero dejar de sentirme cansada y débil. Pero por otro lado siento que esto se acaba y que es muy probable que no vuelva a sentirlo de nuevo nunca más: sus pataditas, sus movimientos, que además en este embarazo los he sentido casi de forma permanente. Esa sensación que se experimenta cuando se mueven todas tus entrañas o cuando palpas parte de su cuerpecito en un costado de la barriga. Me siento culpable de no haberlo disfrutado tanto como el primero…

Y así es como vamos llegando al final, a menos de una semana para salir de cuentas aunque con probabilidades de que sea más (o no), con emociones encontradas de conocerle, de saber que está completamente sano y fuerte, de vivir la reacción de Ares cuando le conozca (¡qué momentazo!), de saber si conseguiré llevar a cabo mi labor de bimadre y sobre todo, de si estaré a la altura de las circunstancias y seré capaz de hacerlo bien…

9meses